domingo, 14 de enero de 2018

Ayinger Winter Bock

MARCA: Ayinger
MODELO: Ayinger Winter Bock
ESTILO: Doppelbock de Navidad (6'7% ABV)
PAÍS DE ORIGEN: Alemania

CARACTERÍSTICAS: Estas Navidades se me han escapado la mayor parte de las cervezas estacionales que suelo recolectar los demás años, pero tuve suerte de encontrar en Líquidos la de Ayinger y, dado que lo que elabora esta fábrica me suele gustar, me llevé un par de botellas para casa. Se trata de una Doppelbock con unas características similares a las de la referencia estrella de la cervecera bávara Celebrator, 18'5º plato y 6'7º de alcohol, y que está disponible de Noviembre a Enero. Esta coincidencia me hizo sospechar si se trataría de la misma cerveza pero embotellada en 50 cl (lo que es de agradecer), pero por el momento no he obtenido la respuesta de los responsables de la fábrica.

Es una cerveza muy oscura, casi negra, con una apetecible espuma beige muy abundante, cremosa y que aguanta hasta que se acaba el líquido. El protagonismo del aroma se reparte al 50% entre la malta tostada y el caramelo, con un equilibrio fascinante, quedando por detrás quedan ciruelas maduras, algo de frutas del bosque y leves recuerdos de rooibos y canela. El lúpulo noble completa la mezcla con un perfume floral, ligeramente cítrico y herbal, con un agradable punto medicinal.

No engaño, en boca es potente y puede resultar dura para paladares poco experimentados. De cuerpo medio, comienza con gran cantidad de grano muy tostado, incluso llegando al torrefacto, y frutos secos. A medida que avanza el trago se suman intensas notas de cacao, regaliz negro y se intuye grano de café. En un segundo plano se mantienen malta y fruta, compensando parcialmente la sequedad del sabor. En el final, sobre una base de grano se desarrolla un amargor marcado, cítrico y herbal, con una importante carga de especia picante, para acabar liberando el reconfortante calor del alcohol en el estómago. Es una cerveza deliciosa, rebosante de sabor, con mucho más protagonismo de los tostados de lo que sugería el olfato pero equilibrado con maestría. Sin atreverme a asegurar que se trate de Celebrator, me ha parecido extremadamente parecida. Sea como fuere, la tendré fichada para el año que viene.

NOTA:

miércoles, 10 de enero de 2018

Bacchus Vlaams Oud Bruin

MARCA: Bacchus
MODELO: Bacchus Vlaams Oud Bruin
ESTILO: Flanders Oud Bruin (4'5% ABV)
PAÍS DE ORIGEN: Bélgica

CARACTERÍSTICAS: Las cervezas de Van Honsebrouck siempre han campado a sus anchas por la Península, aunque la mayor parte de las veces no nos demos cuenta... estoy hablando, por supuesto de Kasteelbier, St. Louis, Brigand, etc. Las que no son tan fáciles de encontrar son las que a mí más me gustan, su gama Bacchus, cuyos diferentes ejemplares pertenecen todos al estilo tradicional belga de las Oud Bruin. La que comento hoy, a partir de la cual se elaboran las otras dos, se empezó a producir en 1955, lo que la convierte en la cerveza más antigua de Van Honsebrouck.

Envuelta en su papel no podría resultar más elegante, aunque por desgracia para los coleccionistas debajo se esconde una botella sin etiqueta. Dentro de ella se encuentra una cerveza de color marrón caoba, pardo al trasluz, que al servirla genera una espuma beige grisácea muy escasa, quedando un anillo en periferia. Su aroma es muy intenso, ácido y dulce a la vez, aunque predomina más bien el segundo. Lo forman malta, caramelo, nueces, centeno, y un potentísimo perfume licoroso que recuerda a frutas pasificadas, arrope y stollen (este pan dulce alemán propio de las Navidades). Se suma además bastante especia, principalmente canela, y algo de naranja confitada al final. Soy consciente de estar enumerando matices un poco raros y que tan apenas había utilizado antes, pero es que es una cerveza muy peculiar.

En boca mantiene los frutos secos, ciruelas pasas, stollen y canela, pero esta mezcla se encuentra en un segundo plano, oculta por la acidez que domina el trago desde el primer momento. A medida que avanza se van introduciendo la sequedad, salen suaves notas de vino tinto, barrica, cáscara de limón y cereza silvestre. Final limpio, de acidez marcada pero controlada, con cítricos, canela, pan de bollo y fruta oscura madura. El regusto es eterno, mantiene cítricos y recuerdos de vino tinto, con un agradable punto de caramelo. Posiblemente se encuentre entre las Oud Bruin más dulces que he probado hasta la fecha, aunque está bien equilibrada, no empalaga y se disfruta enormemente. Quizá no sea tan elegante como Goudenband, ni tan potente como Special Oerbier Reserva de De Dolle, pero creo que es un ejemplo más que notable del estilo.

NOTA:

lunes, 1 de enero de 2018

Morlaco Beer Izar Gorri


MARCA: Morlaco Beer
MODELO: Morlaco Beer Izar Gorri
ESTILO: Märzen lupulada y ahumada (9'1% ABV)
PAÍS DE ORIGEN: España

CARACTERÍSTICAS: Presento hoy Izar Gorri, "Estrella Roja", una de las últimas incorporaciones al catálogo de Morlaco Beer, que vio la luz en la primera mitad del año 2017. Se trata de su elaboración más original y resulta casi imposible de catalogarla en un estilo concreto, dado que es una Lager de tueste ligero/medio, con maltas ahumadas y muy lupulada. El día que me enfrenté a ella lo hice sin tener casi ninguna información sobre ella, más allá de la denominación "Smoked Red Lager" de la etiqueta. Posteriormente pude comentar con Akui mis impresiones, y fue cuando me desveló la importante carga de lúpulo que llevaba, mayor incluso de lo que me había parecido cuando la bebí.

Es de color pardo rojizo, naranja en su base, con una abundante espuma grisácea que deja un bonito encaje en el vidrio. A partir del líquido cristalino emana un aroma dulce y reconfortante, en el que se combina malta de tueste cálido, medidas notas de caramelo y un delicado ahumado, como el de carne a la barbacoa. Por otro lado también hay fruta madura, sobretodo uva, ciruelas, algo de frutos rojos, y un suave toque cítrico y de especia picante del lúpulo. A estas alturas lo que tenía claro es que no pretendía ser una Rauchbier, pero no sabía muy bien por qué derroteros me iba a llevar la cerveza.

En boca llegó la sorpresa y el patrón cambió de forma radical. Irrumpe desde el inicio el lúpulo, seca la boca y deja una carga importante de hierba, pino y cítricos que se va a mantener durante el trago. Mantiene en todo momento malta, cereal tostado, suave caramelo y algo de fruta en un segundo plano, mientras que el ahumado se esconde detrás del conjunto, haciéndose algo más patente antes del final. Este se presenta con un amargor intenso y áspero aunque controlado, con cítricos, hierba, pino y especia picante, quedando algo de humo en el regusto final. A mí me gustó bastante, aunque habría preferido algo más de protagonismo de la malta y del ahumado. Akui me comentó que su intención era reforzar esto en siguientes elaboraciones, así que tendré que estar atento. Tal y como está, para locos del lúpulo sin problema alguno; para los más conservadores... la verdad es que tampoco, aunque sospecho que el próximo lote les enganchará más.

NOTA:

martes, 26 de diciembre de 2017

Smuttynose Really Old Brown Dog

MARCA: Smuttynose
MODELO: Smuttynose Really Old Brown Dog
ESTILO: Old Ale con chips de roble empapados en Oporto (11'1% ABV)
PAÍS DE ORIGEN: Estados Unidos

CARACTERÍSTICAS: La cervecera Smuttynose se creó en Nuevo Hampshire en 1994, y lleva el nombre de la 3º isla más grande de las islas de Shoals, un pequeño archipiélago a 9 km de la costa de Nueva Inglaterra. Fue fundada por los hermanos Peter y Janet Egelston, quienes habían sido también responsables de la puesta en marcha en 1987 del primer brewpub de Nueva Inglaterra, Northampton Brewery. La mascota de esta fábrica, Olive, fue el protagonista en 1994 de la etiqueta de su Brown Ale llamada Old Brown Dog, y en el 2007 ilustró también la etiqueta de esta Old Ale llamada Really Old Brown Dog. Compré esta botella en La Vinoteca hace unos 9 meses, y ha estado esperando su turno en mi despensa hasta que han llegado condiciones climáticas más apropiadas.

Se presenta con un líquido velado de color marrón brillante, granate intenso al trasluz. Forma una capa de espuma escasa, de la que persiste un anillo pegado a la pared del vaso. Su aroma es malta, malta, malta y más malta, claramente enfocada a registros dulces, acompañada de toneladas de caramelo, toffee, manzana asada, higos, ciruelas, mas suave pasas y un punto de dátil y té árabe. Se mezcla, casi sin que uno se de cuenta, con fruta tropical del lúpulo americano. De fondo quedan recuerdos de pan negro, frutos secos y quizá un toque de hierba. Se sitúa en un punto medio entre el clasicismo británico y el desenfado de la cerveza norteamericana.

En boca es algo más ligera de lo esperado para una cerveza de 11º, con cuerpo medio, aunque su textura sedosa es agradable. Entrada dulce, con malta, toffee, caramelo, algo de cacao y leve licor de avellana. La calidez del alcohol es más que evidente, pero se adapta bien al transcurso del trago y se combina con frutas oscuras, té y azúcar moreno para evolucionar a un final de amargor marcado, con naranja sanguina, frutas rojas, suave pomelo, especia picante y un punto tropical y herbal. Es una buena cerveza, sin errores a destacar, aunque tampoco me ha llegado a entusiasmar. Quizá pueda ser que estuviese todavía un poco verde y le faltasen algunos meses para acabar de redondearse, ganar un poco de cuerpo e integrar algo más el lúpulo.

NOTA:

sábado, 16 de diciembre de 2017

Morlaco Beer Labrit

MARCA: Morlaco Beer
MODELO: Morlaco Beer Labrit
ESTILO: IPA de trigo (5'5% ABV)
PAÍS DE ORIGEN: España

CARACTERÍSTICAS: Labrit es el nombre del emblemático frontón de pelota vasca pamplonés, también conocido como La Bombonera, que ha sido sede en múltiples ocasiones de importantes partidos de este deporte tan popular en Euskadi y Navarra, y también es el nombre que han elegido los muchachos de Morlaco Beer para una de sus cervezas. La primera vez que la probé no era fácil de encuadrarla en un estilo concreto, así que la metí en el cajón de sastre que son las Wheat Ale... con la nueva receta ideada por Akui parece que entraría dentro de lo que se denominan White IPA, es decir IPA de trigo.

Al servirla muestra un aspecto bastante similar al de una Wit, con un líquido de color dorado brillante de turbidez considerable, pero sin llegar a la de una Weizen. Se forma una cantidad bastante escasa de espuma blanca, con una burbuja fina, quedando un anillo pegado al vidrio. El aroma es potente y directo, con una buena ración de lúpulo americano que aporta frescas notas tropicales, herbales y ligeramente resinosas. El fondo es de malta dulce, grano crudo, suave cereal e intensos recuerdos de caramelo de limón, algo de pomelo y lima, y un toque de miel. Es muy agradable, con una acidez apagada por la malta que la hace refrescante pero evita la monotonía que puede dar un exceso de cítricos.

En boca es mucho más ácida de lo que esperaba, con una entrada cargada de limón, lima, trigo crudo y pomelo desde el primer momento. El paso por boca es ligero, y a medida que avanza se potencia la acidez y se suman notas de hierba, manzana verde, quizá algo de pino y un punto de sidral. Final largo, muy refrescante, con suave cáscara de limón, un soplo de especia picante, ligeramente salado. Regusto largo, mantiene el frescor y pide otro trago. Es una cerveza relativamente sencilla, aunque en realidad combina muy bien sus tres elementos fundamentales: dulzor de la malta, cítricos del trigo y lúpulo americano. Repetiría encantando, aunque posiblemente la reserve para fechas más calurosas.

NOTA:

domingo, 10 de diciembre de 2017

Franconia

Este año ha sido un poco complicado laboralmente, y no he tenido más remedio que retrasar las vacaciones a finales de octubre, fechas incompatibles con la disponibilidad de mi acompañante más habitual. Así, aproveché para hacer un viaje de temática cervecil y, teniendo en cuenta que mi amigo Miguel Ángel sigue por allá, tomé la decisión de repetir la visita a Munich y de paso explorar Franconia. Además tuve la suerte de que al viaje se pudo sumar mi padre, con el que hacía ya muchos años que no disfrutaba de unas vacaciones, y juntos embarcamos a tierras bávaras.

Tras pasar 3 días en Munich fuimos a Franconia, región que desde hace tiempo tenía muchas ganas de conocer y que, por si alguien no lo sabe, es la región del mundo con más cerveceras por habitante. Nuestro primer destino fue Núremberg, una preciosa ciudad medieval aunque reconstruida casi desde sus cimientos tras el final de la II Guerra Mundial. La cerveza de los bares de esta ciudad no tiene nada que ver con la que se encuentra en Munich sino que predominan marcas como Tucher y Spalter, aunque ocasionalmente uno se puede topar con algún grifo de Augustiner. En los supermercados se ven multitud de marcas franconas, la mayoría totalmente desconocidas para mí, aunque no cogí ninguna porque tenía previsto visitar una de las mejores tiendas de bebida de Núremberg: Landbierparadies.

Este comercio se encuentra a escasos 10 minutos andando al Sur de la estación central de Núremberg, y se trata de un local relativamente grande abarrotado de cajas de plástico con botellas de cerveza de marcas de Franconia, y que seguramente abarcarán más de 100 fábricas distintas. También se pueden comprar vasos y jarras de dichas cerveceras, además de algunos licores locales. Los precios son los habituales de las tiendas no turísticas de Baviera, alrededor de 0'8 euros la botella de medio litro, aunque las escasas referencias artesanales creo que eran bastante más caras. En cuanto a la atención, a pesar de que el dueño sólo habla alemán estuvo muy dispuesto a la hora de recomendarme cervezas entre ese interminable arsenal.

Otro local de Núremberg del que también quiero hablar es Altstadthof Brauerei, localizado en pleno centro histórico. Esta fábrica y cervecería fue la primera en recuperar un estilo de cerveza tradicional de la ciudad, las Rotbier, cervezas de baja fermentación y color rojizo cuyos orígenes se remontan a la Edad Media. Allí paramos a descansar al final de un largo día y pudimos disfrutar de una jarra de su sabrosa cerveza por alrededor de 3 euros, si no recuerdo mal, en un ambiente tranquilo y relajado (excepto para la camarera, sólo una para atender alrededor de 40 personas). Ofrecían además la posibilidad de llevarse botellas de 1 litro de distintas variedades para beber en domicilio, además a un precio muy ajustado.

Evidentemente, estando a menos de una hora en tren no nos ibamos a quedar sin ir a Bamberg, ciudad de gran importancia por haber sido su conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993, y además hogar de un estilo de cerveza muy peculiar que ya ha pasado en varias ocasiones por el blog: las Rauchbier. Yo llevaba mucho tiempo queriendo visitarla y la verdad es que no me decepcionó ni a nivel cervecil ni tampoco arquitectónico aunque, a diferencia de Núremberg, la vi demasiado preparada para el turismo y le quitaba un poco de autenticidad.

A diferencia de lo que esperaba, las Rauchbier no se veían por todas partes sino que había que buscarlas un poco. Por suerte yo sabía perfectamente donde buscar, y al primer sitio que fuimos a hacer un descanso fue a la mítica cervecería Schlenkerla. El sitio es un auténtico laberinto y a veces resultaba difícil saber donde meterse, pero la cerveza... no exagero si digo que la Märzen de Schlenkerla tirada por gravedad desde barrica de madera es una de las 10 mejores cervezas de mi vida. También hay una pequeña tienda dentro del local donde comprar sus diferentes variedades a un precio bastante razonable, aunque hay que tener en cuenta que varias de ellas sólo se venden en una época determinada del año. Yo iba con la esperanza de poder coger alguna botella de su novedad, Fastenbier, pero no hubo suerte...

Para comer decidimos seguir los consejos de Rubén y Iñaki, que recomendaron salir de la parte turística e ir a otra de las cervecerías clásicas de Bamberg: Spezial. La verdad es que fue todo un acierto y, a pesar de que pedimos comida casi a ciegas por no ser capaces de entender la mayor parte de las palabras de la carta, disfrutamos una barbaridad. El local además era muy tranquilo, sin un solo ruido. En cuanto a la cerveza de esta fábrica, también me pareció excelente, quizá algo más delicada que la de Schlenkerla y con un ahumado menos intenso. Yo sigo prefiriendo esta última, pero no me resultaría raro que haya quienes sean más partidarios de Spezial.

A grandes rasgos esto sería la parte relacionada con la cerveza de las divertidas vacaciones que pasamos en Baviera. Para terminar la reseña voy a dejar una lista de las referencias que más me gustaron del viaje, en orden alfabético y no de preferencia:

- Aecht Schlenkerla Rauchbier Märzen (barrica de madera).
- Augustinerbräu Dunkel (grifo). 
- Hetzelsdorfer Fränkisches Vollbier (botella)
- Hofbräu Original (grifo).
- Hofbräu Winterzwickl (botella). 
- Leupser Dunkel (botella).
- Scheyern Kloster-Export Dunkel (botella).
- Schleicher Rauchbier (botella).
- Spezial Märzen (grifo y botella)
- Tegernseer Hell (botella)

domingo, 19 de noviembre de 2017

Neder Kellerbier

MARCA: Neder
MODELO: Neder Kellerbier
ESTILO: Kellerbier (4'9% ABV)
PAÍS DE ORIGEN: Alemania

CARACTERÍSTICAS: Otra de las cervezas que probé durante mi estancia en Franconia fue esta de la Brauerei Neder, comprada al azar en Landbierparadies. Se trata de una fábrica fundada en 1554 en Forchheim, una ciudad de 30.000 habitantes entre Bamberg y Núremberg. En 1882 fue comprada por Sebastian Neder, y en la actualidad está bajo la dirección de su bisnieto Hilmar Neder, su tataranieta Astrid Neder-Haub, y cuentan con Rainer Kalb como maestro cervecero. Elaboran en 10 cervezas distintas que abarcan gran número de estilos clásicos diferentes, entre ellas esta Kellerbier.

De color dorado mate, es bastante cristalina, algo poco habitual en este estilo. Escasas y perezosas burbujas de gas alimentan una capa de espuma blanca poco duradera, que en varios minutos se reduce a un anillo adherido al vidrio. El aroma es de intensidad media/baja, y consiste en una mezcla de malta dulce, mantequilla (¿diacetilo?), grano y más suave masa de pan, envueltas en frutas maduras como manzana asada, membrillo y algo de pera, quedando los dos grupos al mismo nivel. Se detecta además un potente aroma de miel, y leves notas de lúpulo floral, consiguiendo un conjunto delicado pero muy agradable.

El sabor es claramente más potente, aunque la complejidad es limitada. Arranca con mucha malta, cereal sin tostar y algo de levadura. La textura es densa, aunque algo aliviada por la carbonatación que pica en la lengua. En seguida se suben al carro frutas como las descritas en el aroma, para concluir en un final de amargor medio con un toque cítrico apagado, algo de especia picante, un mínimo punto de alcohol y un recuerdo como de granero que nos puede dar la pista del estilo al que pertenece esta cerveza. Es una cerveza rica y se bebe con facilidad, pero la verdad es que ni encaja del todo con las Kellerbier ni me ha acabado de entusiasmar. No creo que sea como para buscarla, en mi opinión en Franconia hay infinitas opciones mejores.

NOTA: